Fotografía monocroma obtenida sobre papel a partir de un soporte rígido —metal, vidrio o piedra— sensibilizado con betún de Judea disuelto en aceite de espliego o linaza caliente, expuesto a la luz solar dentro de una cámara. La imagen se forma por endurecimiento del betún en las zonas iluminadas, que permanecen adheridas al soporte, mientras que las áreas no expuestas se disuelven con con aceite de espliego y esencia de petróleo, revelando la superficie subyacente. El resultado es una imagen, en la que las zonas claras del motivo se corresponden con las áreas oscuras de betún endurecido. Históricamente, constituye la primera imagen fotográfica estable de la que se tiene registro, realizada por Joseph Nicéphore Niépce hacia 1826, con fines de prueba técnica y reproducción visual.